Preocupación por el aumento de mantas varadas en la costa mediterránea

Científicos investigan el comportamiento anómalo de la especie Mobula mobular, en peligro de extinción, tras detectarse numerosos casos de ejemplares en aguas costeras o varados en playas de España, Francia e Italia

Desde el pasado mes de mayo, se ha detectado un número inusualmente elevado de mantas (Mobula mobular) cerca del litoral mediterráneo, un comportamiento anómalo para esta especie que normalmente habita en aguas profundas y mar abierto. Los casos se han registrado en Cataluña, Comunidad Valenciana, Murcia, Andalucía y Baleares, con ejemplares que han llegado incluso a encallar en la arena o permanecer inmóviles en calas cerradas. Solo en Mallorca se han confirmado cinco varamientos en distintos puntos del litoral.

Una especie protegida y en peligro de extinción

La Mobula mobular está catalogada como especie en peligro de extinción y es especialmente sensible al estrés. Pesa en torno a 150 kilos, tiene más de tres metros de envergadura y es capaz de bucear hasta los 600 metros de profundidad. Su presencia en aguas costeras ha encendido las alarmas de los expertos, ya que este tipo de comportamiento suele asociarse a situaciones patológicas o ambientales anómalas.

Equipos de rescate y eutanasia controlada

La Fundación Palma Aquarium, que coordina la red de varamientos de fauna marina en Baleares, ha recibido más de 60 avisos en un mes, aunque muchos correspondían a rayas, no mantas. En los casos confirmados, los veterinarios han tenido que aplicar eutanasia controlada a los animales, tras constatar que no podían recuperarse y que el sufrimiento era irreversible. Las necropsias y análisis de muestras se están realizando en colaboración con laboratorios de toda Europa.

Llamamiento a la colaboración ciudadana

Los expertos insisten en no manipular estos animales y alertar siempre al 112 en caso de avistamiento. “Son muy sensibles al contacto humano y al estrés”, recuerda Xisca Pujol, responsable de la red de varamientos.

Además, se pide a la población enviar fotos o vídeos para poder identificar correctamente la especie y activar los protocolos adecuados.

Un trabajo científico coordinado y sin hipótesis concluyentes

En la investigación participan biólogos, veterinarios e instituciones autonómicas y estatales, que se reúnen semanalmente para compartir datos. Todavía no hay una explicación clara del fenómeno. Podría estar relacionado con enfermedades, variaciones de temperatura del agua u otros factores, pero los análisis aún están en marcha. “Aún faltan piezas del puzle”, resume Pujol.

 

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