LA VIDA INTERMITENTE, por Blas Valentín
Un pueblo no se vacía de golpe. Primero falta una persiana abierta. Luego una silla en la puerta. Después una voz en la plaza. Al final llega la cifra, limpia y cruel: Casas Bajas, mi pueblo, tenía 286 habitantes en el padrón del año 2000; en el de 2025, apenas 158. Y, sin embargo, Casas Bajas se mueve más que hace unos años. Hay música, conciertos, carreras, fiestas, veraneantes, exposiciones, turismo de montaña, pruebas deportivas y servicios que antes parecían impensables. Al viejo veraneo que observé desde niño se le ha sumado ahora un movimiento más organizado, ligado a la cultura, al deporte, al turismo y a las estancias breves. No solo organiza actos culturales o festivos: también ha convertido parte de su territorio en escenario de conciertos, rutas, enduro y visitantes de fin de semana. Hay en todo eso una energía asociativa poco común en un pueblo tan pequeño. A ratos incluso parece lleno. Pero una cosa es que un pueblo tenga actividad y otra, más difícil, es que teng...





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