La brisa marina del Mediterráneo se está debilitando
Investigadores del CIDE, el CSIC y la Universitat de València constatan que la brisa marina ha perdido hasta un 17 % de su intensidad en la costa mediterránea española desde 1981, reduciendo su capacidad para aliviar el calor en ciudades como València, Castellón o Barcelona.
La brisa marina, uno
de los fenómenos meteorológicos que históricamente ha contribuido a suavizar
las altas temperaturas en el litoral mediterráneo, está perdiendo fuerza de
forma progresiva. Así lo revela un estudio internacional liderado por el Centro de Investigaciones sobre Desertificación (CIDE),
centro mixto del CSIC, la Universitat de València y la Generalitat Valenciana, que advierte de que este
viento costero es hoy considerablemente más débil que hace cuatro décadas.
La investigación, publicada en la revista científica Scientific Reports, analiza datos recogidos entre 1981 y 2021 en 39
estaciones meteorológicas distribuidas por España, Francia,
Italia y el norte de África. Sus conclusiones muestran que el 90 % de las estaciones estudiadas registran una
pérdida de intensidad de la brisa marina, precisamente cuando el calentamiento
global hace más necesaria su función refrescante.
Un
viento cada vez más débil
La brisa marina se genera por la
diferencia de temperatura entre la tierra y el mar. Durante el día, el suelo se
calienta más rápidamente que el agua, el aire caliente asciende y el aire más
fresco procedente del mar se desplaza hacia la costa, generando el
característico viento que ayuda a reducir la sensación térmica.
Lo sorprendente es que, aunque el
Mediterráneo se está calentando entre un 20 y un 40 %
más rápido que la media mundial, y el contraste térmico debería
favorecer brisas más intensas, ocurre justamente lo contrario.
Según explica la investigadora Shalenys Bedoya-Valestt, primera autora del
estudio, las brisas son ahora más
frecuentes en algunas épocas del año, como el invierno, pero cada vez soplan con menos intensidad,
especialmente durante los meses de verano.
Los investigadores han calculado
que la velocidad media de la brisa marina ha disminuido 0,095 metros por segundo cada década, lo que
supone una pérdida aproximada del 11 % desde 1981.
En verano, cuando este viento resulta más importante para aliviar el calor, el
descenso alcanza el 12,7 %.
La
costa valenciana, entre las zonas más afectadas
El estudio identifica a las Islas Baleares y a la costa
mediterránea española como las áreas donde el debilitamiento
resulta más acusado.
En conjunto, la costa española ha
perdido alrededor del 17 % de la
intensidad de sus brisas marinas, mientras que en Baleares el
descenso alcanza el 17,6 %.
Entre las ciudades donde el
fenómeno resulta más evidente figuran Barcelona,
Castellón de la Plana, Tortosa,
Almería, Ibiza,
Palma de Mallorca, Menorca
y Málaga, donde determinadas estaciones
meteorológicas registran reducciones de entre el 17
y el 25 %.
Aunque el estudio analiza el
comportamiento regional de la costa mediterránea y no ofrece un dato específico
para la ciudad de València, los investigadores subrayan que el conjunto del
litoral valenciano forma parte de esta tendencia general de debilitamiento.
Las
olas de calor agravan todavía más el problema
Uno de los descubrimientos más
importantes de la investigación es la relación directa entre las olas de calor y la pérdida de intensidad de la
brisa marina.
Durante estos episodios extremos,
el viento que normalmente refresca el litoral pierde todavía más fuerza.
En Baleares, las olas de calor
reducen la intensidad de la brisa cerca de un 8
%, mientras que en la costa mediterránea española el descenso
adicional ronda el 4,8 %.
Los investigadores explican que
esta pérdida no se suma al debilitamiento acumulado de las últimas décadas,
sino que representa el efecto específico que producen las olas de calor sobre
el funcionamiento habitual de la brisa.
¿Por
qué ocurre?
La investigación apunta a varios
factores atmosféricos que actúan conjuntamente.
Entre ellos destacan la
persistencia de dorsales anticiclónicas
sobre el Mediterráneo, la entrada de aire cálido y
seco procedente del Sáhara y el incremento de las olas de calor
asociado al cambio climático.
Según la hipótesis del equipo
científico, el calentamiento global favorece que masas de aire tropical
permanezcan durante más tiempo sobre el Mediterráneo.
Ese aire caliente funciona como
una especie de "tapadera" atmosférica que estabiliza el aire e impide
el desarrollo normal de los movimientos que generan la brisa marina.
El resultado es una paradoja
climática: cuanto más calor hace, menos eficaz resulta el viento que
tradicionalmente ayudaba a aliviarlo.
Consecuencias
para la salud, la contaminación y las tormentas
Los investigadores advierten de
que el debilitamiento de la brisa marina puede tener consecuencias importantes
para millones de personas que viven en el litoral mediterráneo.
Al disminuir la ventilación
natural, aumenta el estrés
térmico, especialmente durante las olas de calor, lo que puede
agravar los riesgos para la salud de la población más vulnerable.
Además, una circulación de aire
más débil dificulta la dispersión de contaminantes, favoreciendo que
permanezcan durante más tiempo sobre las áreas urbanas y costeras.
El estudio también apunta a
posibles efectos sobre el ciclo
hidrológico, ya que las brisas transportan humedad hacia el
interior y contribuyen a la formación de tormentas estivales. Si ese mecanismo
pierde intensidad, podrían modificarse los patrones de precipitación y aumentar
la sequedad del suelo en algunas zonas mediterráneas.
Los
responsables del trabajo consideran que conocer estos cambios resulta esencial
para diseñar futuras estrategias de adaptación climática en una de las regiones
del planeta más vulnerables al calentamiento global. Según destacan, comprender
cómo evolucionan fenómenos tan cotidianos como la brisa marina permitirá
anticipar mejor los efectos del cambio climático sobre las ciudades costeras,
la salud pública y la gestión del territorio.






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