La llama que prendió hace veinte años sigue viva en Tuéjar
Las Fallas de Tuéjar han puesto este fin de semana el broche final a su vigésima edición, consolidando una tradición que hace veinte años parecía impensable en un municipio del interior como este.
Durante estos días, el pueblo ha vuelto a llenarse de pólvora,
pasacalles, chocolate, buñuelos y emoción alrededor de una fiesta que, año tras
año, ha logrado echar raíces lejos de las grandes ciudades falleras.
Las celebraciones comenzaron con la presentación de la Fallera
Mayor, Adriana Almenar Martínez, la Fallera Mayor
Infantil, Blanca Platero Baudés, y el presidente infantil, Víctor Montesinos Illueca, antes de un intenso fin
de semana en el que no faltaron la plantà, la cena fallera, los hinchables, la
visita de las residencias de Chelva y Tuéjar, la ofrenda a la Purísima, la
mascletà y, finalmente, la cremà de los monumentos.
El sábado por la tarde, además, la corporación municipal entregó
los estandartes enviados por la Generalitat a los monumentos falleros, un gesto
simbólico que quiso reconocer estas dos décadas de esfuerzo colectivo.
Veinte
años de Fallas en un pueblo donde nunca las hubo
Más allá de los actos, este
aniversario ha servido para recordar lo que han significado las Fallas para Tuéjar.
Porque mantener durante veinte
años una comisión fallera en un pequeño municipio del interior no ha sido
fácil. Ha requerido constancia, trabajo, ilusión y la voluntad de muchas
personas que se negaron a aceptar que las Fallas solo podían existir en otros
lugares.
Durante estas dos décadas,
generaciones enteras de vecinos han crecido alrededor de esta fiesta. Niños que
comenzaron saliendo en el pasacalle son hoy quienes ayudan a plantar la falla,
organizan la cena o preparan la ofrenda. Familias enteras han hecho suya una
celebración que ya forma parte de la identidad del pueblo.
En un municipio que nunca tuvo
tradición fallera, las Fallas han acabado convirtiéndose precisamente en eso:
en una tradición.
Y quizá ese sea el mayor logro de
estas veinte ediciones. Haber demostrado que, incluso en los pueblos más
pequeños y alejados de los grandes circuitos, una fiesta puede abrirse camino
cuando hay vecinos dispuestos a sostenerla año tras año.
Las
llamas apagaron anoche la falla de 2026, pero dejaron encendida una certeza: en
Tuéjar ya nadie imagina abril sin Fallas.







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