Una hora menos en el Rincón de Ademuz

© Por Alvar Yáñez del Rincón  | Hay reivindicaciones modestas. Pedir un médico. Pedir una carretera. Pedir que alguien, de vez en cuando, recuerde que existimos. Y luego está la gran reivindicación que de verdad puede cambiar el destino de una tierra olvidada: que el Rincón de Ademuz tenga una hora menos.

Sí. Como Canarias.

No es una locura. Bueno, sí lo es, pero menos que muchas de las cosas que se deciden sobre nosotros desde despachos situados a dos horas y media, cuatro curvas, tres puertos y una nevada de distancia.

Imaginen la escena. Son las nueve de la noche. Sale un presentador impecable en la televisión autonómica y dice solemnemente:

“Son las nueve en Valencia, Castellón y Alicante… y las ocho en el Rincón de Ademuz”.

Y de repente, millones de valencianos levantarían la cabeza.

—¿El Rincón de qué?

Exactamente. Ahí empieza la victoria.

Porque llevamos décadas intentando que nos miren. Que alguien se acuerde de que la Comunitat Valenciana tiene una extraña península interior incrustada entre Teruel y Cuenca. Que no somos una errata en el mapa. Que no somos un trozo sobrante que quedó pegado por casualidad.

Pero nada funciona. Cuando nieva, salimos treinta segundos en los informativos. Cuando se corta una carretera, nadie sabe situarnos. Cuando hablan de despoblación, se acuerdan antes de Soria que de nosotros. Y cuando llegan elecciones, entonces sí: de repente todos descubren el Rincón, se hacen una foto junto al cartel este o aquel pueblo y prometen que ahora sí, ahora de verdad, nos van a tener muy presentes. Hasta la siguiente curva de vuelta.

Por eso creo que ha llegado la hora —nunca mejor dicho— de dar un paso audaz.

Canarias tiene una hora menos por estar lejos. El Rincón también está lejos. De Valencia, sobre todo. Muchísimo más lejos de lo que parece en el mapa y todavía más lejos de lo que creen quienes toman decisiones. Así que no veo por qué ellos van a poder desayunar una hora antes y nosotros no.

Además, la medida tendría ventajas prácticas.

Por ejemplo, cuando hubiera una reunión con la Generalitat, podríamos llegar tarde sin culpa.

—Perdonen, es que en el Rincón todavía eran las diez.

Cuando anuncien un temporal para la Comunitat Valenciana, podrían añadir:

“Las nevadas llegarán a partir de las seis… cinco en el Rincón de Ademuz”.

Y así, por fin, alguien recordaría que aquí siempre nieva primero, hiela más y las quitanieves llegan después.

También ayudaría a reforzar nuestra identidad. Tendríamos huso horario propio, como los territorios importantes. Londres, Lisboa, Canarias… y Ademuz, Casas Bajas, Casas Altas, Castielfabib, Torrebaja y Vallanca.

Imaginen los carteles en la carretera:

“Bienvenido al Rincón de Ademuz. Retrase su reloj una hora”.

O en la radio:

“Volvemos tras la publicidad. Son las ocho y media en Valencia y las siete y media en el Rincón”.

Incluso podríamos presumir de vivir más. Técnicamente, cada día empezaríamos una hora más tarde. A final de año habríamos acumulado 365 horas extra de existencia. Más de quince días. No está mal para una comarca a la que llevan décadas quitándole tiempo.

Y no faltará quien diga que esto es absurdo. Que no se puede cambiar un huso horario solo para llamar la atención.

Claro que no.

Pero tampoco parece muy lógico que una comarca entera tenga que recordar constantemente que existe.

La verdad es que no queremos una hora menos. Queremos una carretera más. Un médico más. Una escuela abierta. Cobertura en el móvil. Que cuando se hable de la Comunitat Valenciana alguien piense también en este rincón escondido entre montañas.

Queremos, en definitiva, dejar de vivir con la sensación de que siempre vamos una hora por detrás.

Pero mientras eso llega, no me negarán que tendría su gracia.

“Son las ocho en Valencia y Alicante… y una hora menos en el Rincón de Ademuz”.

Por una vez, aunque solo fuera por ironía, seríamos los primeros en aparecer en el mapa.

Comentarios


EN TITULARES