¿Está preparando el Gobierno de España un “confinamiento energético”?

La escalada de la crisis energética provocada por la guerra en Oriente Próximo y las tensiones en el estrecho de Ormuz han disparado en las últimas semanas las especulaciones sobre la posibilidad de un “confinamiento energético” en Europa y, eventualmente, en España. Aunque el Gobierno niega por ahora que exista un plan de racionamiento inminente, Bruselas y varios países ya preparan medidas de ahorro que recuerdan, en parte, a las restricciones de la pandemia.

La idea de un “confinamiento energético” no implica, al menos de momento, encerrar a la población en casa ni imponer restricciones de movimiento generalizadas. El término se utiliza para describir un conjunto de medidas extraordinarias destinadas a reducir drásticamente el consumo de electricidad, gas y combustibles si la crisis energética empeora o se produce una interrupción grave del suministro.

¿Por qué se habla ahora de ello?

El detonante es la creciente tensión en Oriente Próximo y el temor a que el cierre o bloqueo del estrecho de Ormuz limite el suministro mundial de petróleo y gas. Desde el inicio de la crisis, el precio del petróleo ha subido más de un 50 % y el del gas más de un 80 %, lo que ha llevado a Bruselas y a varios gobiernos europeos a preparar escenarios de emergencia.

La Comisión Europea insiste en que Europa todavía no está en una situación de desabastecimiento, pero sí admite que estudia medidas de racionamiento si la situación se prolonga durante meses. Entre las opciones planteadas figuran incluso limitaciones temporales al consumo de combustible y la liberación de reservas estratégicas.

Qué medidas podría incluir un “confinamiento energético”

Las medidas que se manejan por ahora no serían iguales en todos los países, pero Bruselas ya ha elaborado una lista de actuaciones prioritarias para reducir el consumo.

Entre ellas destacan:

  • Al menos un día obligatorio de teletrabajo por semana.
  • Reducción de la velocidad máxima en autopistas en 10 km/h.
  • Restricciones al uso del coche privado en grandes ciudades.
  • Sistemas de circulación alterna según la matrícula.
  • Días sin coche.
  • Reducción de vuelos cortos cuando exista alternativa ferroviaria.
  • Transporte público más barato o incluso gratuito.
  • Cierre parcial de edificios públicos y reducción de horarios.
  • Limitación de temperaturas en oficinas, comercios y edificios.
  • Incentivos para sustituir calderas por bombas de calor o paneles solares.

En un escenario más severo, podrían añadirse restricciones al repostaje, límites de combustible por vehículo, apagado del alumbrado ornamental, reducción del horario comercial o incluso cortes programados de electricidad en determinadas franjas, aunque estas medidas no están oficialmente sobre la mesa en España por ahora.

Qué países ya han empezado a moverse

Algunos países europeos ya han comenzado a adoptar medidas preventivas o a diseñar planes de contingencia.

Bélgica y otros países del norte de Europa estudian reforzar el teletrabajo y abaratar el transporte público para reducir el consumo de combustible. La Comisión Europea ha propuesto incluso que los Estados miembros implanten al menos un día de trabajo remoto obligatorio a la semana.

Francia vuelve a estudiar restricciones a los vuelos domésticos de corta distancia y límites de velocidad más bajos, medidas similares a las aplicadas durante la crisis energética de 2022.

Alemania y Países Bajos han reactivado planes para priorizar el suministro a industrias estratégicas y hogares, mientras preparan campañas masivas de ahorro y posibles restricciones de calefacción en edificios públicos.

En algunos municipios europeos ya se han puesto en marcha medidas concretas. Ciudades como Marbella, en España, han aprobado planes de contingencia con distintos niveles de alerta que prevén desde ajustes de temperatura y horarios hasta la priorización exclusiva de servicios básicos si hubiera problemas de suministro.

¿Y España?

Por ahora, el Gobierno español no habla de “confinamiento energético”, pero sí ha aprobado un paquete de medidas extraordinarias para tratar de evitar llegar a ese escenario.

Entre ellas figuran la bajada del IVA de la electricidad y los carburantes, la reducción de impuestos sobre la energía, ayudas al transporte y a la agricultura, y el refuerzo del bono social para evitar cortes de luz y gas a los hogares vulnerables.

Además, el Ejecutivo está acelerando la implantación de energías renovables, el almacenamiento eléctrico y el desarrollo de nuevas infraestructuras para reducir la dependencia del petróleo y el gas importados.

El Gobierno insiste en que España parte de una posición más favorable que otros países europeos por su mayor peso de las renovables y su menor dependencia directa del petróleo y gas que pasan por Ormuz. Sin embargo, admite que si la crisis internacional se agrava, España también podría verse obligada a aplicar medidas de ahorro más severas, especialmente sobre el transporte y el consumo de combustibles.

Por tanto, a día de hoy no existe un plan oficial de “confinamiento energético” en España, pero sí una creciente preparación de medidas de ahorro y restricción que podrían activarse si la crisis empeora durante los próximos meses.

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