El calentamiento del Mediterráneo ya es capaz de generar huracanes tropicales en la región

Los medicanes ganan protagonismo en el Mediterráneo y los expertos alertan sobre su posible intensificación por el cambio climático

Investigaciones recientes señalan que el aumento de la temperatura del Mediterráneo podría favorecer tormentas más intensas y aumentar el riesgo de lluvias extremas en zonas costeras densamente pobladas.

La comunidad científica mantiene el foco sobre los denominados medicanes, ciclones de características similares a las de los huracanes tropicales que se forman en el mar Mediterráneo y que en los últimos años han provocado importantes daños en distintos países de la cuenca mediterránea.

Estos fenómenos, cuyo nombre procede de la combinación de los términos Mediterráneo y huracán, han estado asociados recientemente a episodios meteorológicos de gran impacto, como las tormentas Ianos en 2020, Daniel en 2023 o el ciclón Jolina, registrado en marzo de 2026, que afectó a zonas del norte de África.

El caso de Daniel tuvo consecuencias especialmente graves tras desencadenar una catástrofe humanitaria en la ciudad libia de Derna, donde miles de personas fueron declaradas fallecidas o desaparecidas.

Fenómenos poco frecuentes con características similares a los huracanes

Los medicanes presentan algunas características similares a las de los ciclones tropicales, como estructuras nubosas organizadas en espiral o la presencia de un ojo central bien definido.

Sin embargo, los especialistas subrayan que no son fenómenos idénticos a los huracanes tradicionales y que se producen bajo condiciones meteorológicas diferentes.

Según una definición científica publicada en 2025, estos sistemas aparecen, de media, menos de tres veces al año, lo que dificulta disponer de registros estadísticos amplios para determinar patrones completamente fiables sobre su comportamiento.

Los investigadores señalan que las lluvias intensas y extensas constituyen el principal riesgo asociado a estos ciclones, aunque los fuertes vientos y las marejadas también representan amenazas importantes, especialmente en áreas costeras.

El calentamiento del Mediterráneo aumenta la energía disponible para las tormentas

Los estudios recientes apuntan a la temperatura superficial del mar como uno de los factores más relevantes para comprender el comportamiento futuro de estos fenómenos.

El aumento de la temperatura favorece una mayor evaporación y un incremento del calor disponible para la atmósfera, proporcionando energía adicional a los sistemas ciclónicos.

Datos del Servicio de Cambio Climático de Copernicus indican que el Mediterráneo registró un aumento medio aproximado de 0,4 grados centígrados por década entre 1990 y 2020.

Los científicos destacan que incrementos aparentemente pequeños de entre uno y dos grados pueden traducirse en aumentos significativos tanto de la intensidad del viento como de las precipitaciones asociadas a estas tormentas.

Además, durante determinados episodios individuales se han registrado temperaturas locales del mar superiores en más de dos grados respecto a los valores habituales.

Nuevas investigaciones y sistemas de vigilancia

Diversos trabajos recientes también han relacionado el cambio climático con una intensificación de las precipitaciones asociadas a ciclones mediterráneos.

Investigaciones centradas en la tormenta Apolo identificaron que temperaturas más elevadas del mar y una atmósfera más cálida incrementaron las lluvias registradas en Sicilia, mientras que análisis posteriores sobre el caso Daniel apuntaron a efectos similares en el Mediterráneo oriental y Libia.

Actualmente diversos organismos internacionales desarrollan sistemas de vigilancia y modelos específicos destinados a mejorar la predicción y la gestión de estos fenómenos.

Entre ellos destaca el proyecto MEDICANES impulsado por la Agencia Espacial Europea (ESA), que trabaja en el desarrollo de herramientas para mejorar el seguimiento y comprensión de estos sistemas meteorológicos.

Los expertos consideran prioritario reforzar la investigación y mejorar los sistemas de alerta temprana y protección civil, especialmente en una región donde viven aproximadamente 540 millones de personas, muchas de ellas concentradas en áreas costeras especialmente vulnerables a fenómenos meteorológicos extremos.

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