Casinos eleva su batalla legal contra la planta de biometanización de Llíria
El Ayuntamiento ha dado un nuevo paso contra el proyecto con un requerimiento previo a la Generalitat para que anule o revise la autorización de la canalización de gas renovable, después de que en marzo fuera rechazado su recurso contra la Declaración de Interés Comunitario.
El
Ayuntamiento de Casinos ha
decidido mantener y escalar su ofensiva administrativa y legal contra la planta
de biometanización proyectada en Llíria,
un conflicto que en los últimos meses ha ido creciendo tanto en el plano legal
como en el social.
El nuevo movimiento del consistorio casinense se ha producido el 13 de abril, cuando el alcalde, Miguel Navarré, firmó un requerimiento previo
entre administraciones dirigido a la Conselleria para que revise la resolución
que autorizó la adaptación de infraestructuras y la ejecución de las
instalaciones necesarias para inyectar gas renovable en la red desde la planta
prevista en Llíria. En ese escrito, el Ayuntamiento pide la revocación o
anulación de la autorización, o de forma subsidiaria la retroacción del
procedimiento para someter el conjunto del proyecto a una evaluación ambiental
global, acumulativa y conjunta, y advierte de que, si no se atiende su
petición, acudirá a la vía contencioso-administrativa.
La
argumentación municipal se centra ahora en la autorización de la
infraestructura gasista vinculada al proyecto. El consistorio sostiene que
existe una unidad funcional entre la planta de producción de
biometano y la instalación de inyección en red, ya que esta última depende
exclusivamente del gas generado por la primera. Por ello, considera que ambas
actuaciones forman en realidad un único sistema técnico y funcional y que su
tramitación separada habría impedido una evaluación ambiental completa de los
efectos directos, indirectos, acumulativos y sinérgicos del proyecto. El
requerimiento incide en que la propia resolución autonómica reconoce que la
infraestructura de inyección está destinada al gas producido por la planta de
“upgrading” promovida por Bioenergía
Gas Renovable V, S.L., y a partir de ahí concluye que no puede
hablarse de proyectos independientes.
Este nuevo
frente se suma a la batalla legal que Casinos ya había abierto meses antes
sobre la Declaración de Interés Comunitario (DIC) de la
planta. Según la resolución autonómica notificada al Ayuntamiento, el
consistorio pidió en diciembre de 2025 la revisión de oficio tanto de la DIC
como de la Declaración de Impacto Ambiental al entender que se habían omitido
trámites esenciales, especialmente la audiencia a municipios colindantes
potencialmente afectados. Esa solicitud fue inadmitida a trámite el 28 de enero de 2026 y el recurso de alzada
posterior fue desestimado el 27 de marzo
por la Secretaría Autonómica de Medio Ambiente y Territorio, que sostuvo que no
concurría nulidad de pleno derecho y que Casinos pudo haber alegado durante la
fase de información pública. La propia resolución autonómica deja abierta
expresamente la vía contencioso-administrativa ante los juzgados.
Protestas, recursos y movilización vecinal
La disputa no
se ha quedado en los despachos. El conflicto ha ido acompañado de una creciente
movilización social en Casinos,
Domeño, Llíria
y otros municipios del entorno. La oposición vecinal tomó fuerza en otoño de
2025, cuando comenzaron a multiplicarse las protestas públicas y la presencia
de pancartas contra la “macroplanta” en Casinos. En noviembre de 2025 se
celebró una manifestación en Llíria convocada por la Associació
Ciutadana Camp de Túria i la Serranía, a la que acudieron
centenares de personas de distintos municipios de la comarca.
La presión se
mantuvo en 2026. En enero, el Ayuntamiento de Casinos llamó públicamente a sus
vecinos a participar en una nueva manifestación en Llíria y defendió que estaba
“luchando” para frenar legalmente el proyecto mediante un recurso de revisión
dirigido a la Conselleria. Posteriormente, el movimiento ciudadano volvió a
salir a la calle con nuevas concentraciones, entre ellas una cacerolada en
marzo y otra gran movilización en València en febrero, dentro de una campaña
que ha convertido la planta en uno de los principales focos de conflicto
territorial en el Camp de Túria y La Serranía.
En paralelo,
el debate público ha seguido creciendo con actos informativos y coloquios sobre
el biometano celebrados en Llíria, mientras el Ayuntamiento de Casinos ha ido
reforzando su postura institucional. La SER informó esta misma semana de que el
consistorio ha encargado estudios técnicos independientes sobre olores,
contaminación de acuíferos y posibles afecciones a la salud para preparar una
eventual ofensiva judicial más amplia.
El núcleo del conflicto
La planta,
impulsada por The Green Vector
—alianza de Enagás Renovable y
Genia Bioenergy—, comenzó sus obras en febrero de 2026 y prevé tratar más de 192.000 toneladas anuales de residuos, una
magnitud que ha concentrado buena parte de las críticas vecinales y
municipales. Los detractores del proyecto cuestionan tanto su dimensión como su
proximidad a núcleos habitados, el origen de los residuos y el impacto de
subproductos como el digestato, además del aumento del tráfico pesado y de los
riesgos sobre el medio ambiente y la calidad de vida.
Frente a
ello, la Generalitat y la empresa promotora han defendido en distintas
ocasiones que el proyecto cumple la normativa, que cuenta con las
autorizaciones autonómicas necesarias y que encaja en la estrategia de economía
circular y de producción de energía renovable. The Green Vector aseguró en
octubre de 2025 que la instalación no generaría olores ni impactos negativos
relevantes y se mostró abierta al diálogo, mientras la Generalitat ha venido
sosteniendo que este tipo de instalaciones contribuyen a reducir la dependencia
energética y a valorizar residuos orgánicos.
Con todo, el
Ayuntamiento de Casinos ha dejado claro que no da la batalla por cerrada. Tras
el revés administrativo de marzo en la cuestión urbanística y ambiental de la
DIC, el consistorio ha abierto ahora un nuevo frente contra la autorización
gasista vinculada a la planta, insistiendo en que el proyecto ha sido
fragmentado de forma indebida y que debe someterse a una evaluación conjunta.
La controversia entra así en una nueva fase, con la vía judicial cada vez más
cerca.







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