La experiencia de Casas Buenas (Toledo) con su planta de biometano: "No es solo olor, es enfermedad"

Más de 400 vecinos del Camp de Túria se rebelan contra la macroplanta de biometano prevista entre Llíria y Casinos

La comarca se moviliza contra el proyecto de The Green Vector y toma como advertencia el caso de un municipio de Toledo, donde los vecinos denuncian olores, náuseas y vómitos tras la puesta en marcha de una planta similar.

Más de 400 vecinos de Casinos, Llíria, Domeño y distintas urbanizaciones del Camp de Túria participaron este fin de semana en una multitudinaria jornada informativa celebrada en Casinos para mostrar su rechazo al proyecto de macroplanta de biometano que la empresa The Green Vector pretende instalar en el término de Llíria, aunque a escasa distancia de varios núcleos habitados.

La protesta reunió también a agricultores y residentes de urbanizaciones como La Monrabana y Camp de Llíria, que consideran que la comarca se encuentra en una situación de “indefensión” ante un proyecto que, aseguran, afectará directamente a la calidad de vida de miles de personas.

Un proyecto de 192.000 toneladas de residuos al año

Durante la jornada intervinieron el científico del CSIC Antonio Turiel y el doctor en Agronomía José Ramón Olarieta, quienes alertaron del impacto ambiental de la instalación.

Según explicaron, la planta está diseñada para procesar más de 192.000 toneladas de residuos orgánicos al año, lo que generaría unas 177.000 toneladas anuales de lixiviados. Los expertos advirtieron de que este volumen podría poner en riesgo los acuíferos, el ecosistema de la zona y la viabilidad de la agricultura local.

Los asistentes insistieron en que el conflicto ha dejado de ser un problema exclusivamente local para convertirse en una cuestión comarcal, al afectar de forma directa a municipios y urbanizaciones situados junto a la futura planta.

La experiencia de Toledo: “No es solo olor, es enfermedad”

Uno de los momentos más impactantes de la jornada fue la intervención del alcalde de Casasbuenas, en Toledo, Juan Antonio Camuñas Medina, quien explicó la situación que vive su municipio tras la entrada en funcionamiento de una planta similar en la vecina localidad de Noez.

Camuñas relató que en 2022 tuvieron conocimiento del proyecto, aunque los promotores aseguraban que la instalación se encontraba a cinco kilómetros de Noez y de otro municipio cercano, sin explicar que en realidad se situaba a menos de dos kilómetros de Casasbuenas.

Desde el primer momento, el Ayuntamiento y los vecinos mostraron su rechazo, presentaron escritos ante la Consejería de Medio Ambiente y otras administraciones, impulsaron recogidas de firmas y recurrieron a organizaciones ecologistas y a la prensa para intentar frenar el proyecto.

El alcalde explicó que la empresa llegó a reunirse varias veces con el consistorio. En esos encuentros, según relató, los promotores presentaron la planta como una instalación completamente cerrada, sin olores y sin afección para la población. Incluso mostraron estudios de viento que, supuestamente, demostraban que los olores no llegarían a Casasbuenas.

Sin embargo, tras la reunión, la empresa preguntó al Ayuntamiento si necesitaba alguna mejora, como arreglar una calle, el polideportivo o cualquier otra infraestructura. Camuñas aseguró que él respondió que el único favor que pedían era que la planta se alejase entre cinco y diez kilómetros más del pueblo. La empresa se negó alegando que el proyecto solo podía ubicarse allí.

El alcalde sostiene que los promotores regresaron hasta en tres ocasiones ofreciendo mejoras e inversiones para el municipio. “Intentaron comprarnos”, afirmó durante su intervención.

“A las dos y media de la madrugada nos despertó un olor insoportable”

La planta entró finalmente en funcionamiento en agosto de 2025. Según relató el alcalde, la noche del 10 de agosto, a las 2.30 de la madrugada, un fuerte olor nauseabundo despertó a todo el pueblo.

Camuñas describió aquella noche como “una noche de espanto”, marcada por un hedor insoportable procedente de la planta. Posteriormente, los vecinos comprobaron que el olor parecía originarse en las balsas donde se depositan los residuos tras la producción de gas y que, según sospechan, se remueven durante la noche.

Desde entonces, los olores han continuado, especialmente durante las noches. El Ayuntamiento ha recopilado ya más de 200 quejas vecinales y dispone de varios informes médicos que recogen síntomas como náuseas, vómitos y dolores de cabeza relacionados con estos episodios.

El consistorio presentó una denuncia ante la Fiscalía el 16 de septiembre de 2025, después de que la Guardia Civil y el Seprona les recomendaran acudir a la vía judicial. Siete meses después, según explicó el alcalde, todavía no han recibido respuesta.

El alcalde de Casasbuenas pide al Camp de Túria que siga luchando

En el tramo final de su intervención, Juan Antonio Camuñas quiso lanzar un mensaje directo a los vecinos del Camp de Túria.

Aseguró que, si en 2022 hubiera sabido todo lo que iba a ocurrir, habría hecho “todo lo posible” para impedir la construcción de la planta. Admitió que ahora resulta muy difícil lograr su cierre, después de una inversión de unos 15 millones de euros, pero reclamó al menos medidas urgentes para reducir los olores, como cubrir las balsas y modificar el modo de trabajo.

El alcalde insistió en que no está en contra del progreso ni de las energías renovables, pero afirmó que la planta instalada junto a su municipio “funciona mal” y está provocando una situación “caótica”.

“Os aconsejo que luchéis hasta el final”, concluyó, advirtiendo además de que el próximo verano puede ser especialmente duro si no se adoptan medidas.

  Unión comarcal frente a la "macro-gestión" 

La movilización de ayer unió a vecinos de Casinos, Llíria, Domeño y diversas áreas residenciales, evidenciando que el conflicto ha trascendido lo local para convertirse en una emergencia comarcal. Los portavoces de la jornada denunciaron que la ubicación del proyecto es una "estrategia administrativa" para silenciar a los municipios que realmente van a convivir con la infraestructura. Desde la plataforma organizadora se ha anunciado un calendario de acciones y la presentación masiva de alegaciones técnicas y legales “No vamos a permitir que el Camp de Túria se convierta en el vertedero de 192.000 toneladas de residuos que comprometan nuestra salud, nuestro aire y nuestro futuro agrícola”,   

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