martes, 14 de junio de 2016

Alpuente y Corcolilla se visten de fiesta

+ TURIA | Vecinos e hijos del pueblo conmemoran a lo grande el 400 aniversario del traslado de la Virgen de la Consolación hasta la parroquia de la aldea
Las fiestas, como evento que tienen 'efecto llamada' en los pueblos de la región (especialmente los más pequeños), están marcadas en rojo en el calendario anual de vecinos, visitantes e hijos pródigos repartidos por la geografía provincial y nacional. Pero cuando esa fiesta está enmarcada en la conmemoración de un hecho histórico, y ese evento de la historia local cumple ni más ni menos que 400 años, la fiesta deja de ser corriente y pasa a niveles de motivo inexcusables para volver a las raíces. Fotografías : Alpuente Dos Mil Diecisiete
Es el caso de Alpuente y una de sus aldeas, Corcolilla, que este fin de semana han celebrado por todo lo alto el cuarto centenario del traslado de la Virgen de la Consolación, patrona de la localidad, desde el núcleo principal hasta la iglesia de la pedanía.
En 2014 los vecinos de este municipio del Alto Turia celebraron el 400 aniversario del hallazgo de la imagen de la Virgen, que dos años después, en 1616, fue portada hasta Corcolilla. La talla, que data del siglo XIII, contiene una reliquia de San Juan Bautista y fue encontrada en 1614 en el antiguo cementerio, contiguo a la parroquia alponteña.
Aprovechando las fiestas patronales en honor a San Bernabé, vecinos de Alpuente y Corcolilla se han echado a la calle este fin de semana para conmemorar su historia. Unos actos que se iniciaron en la tarde del sábado con la romería desde Alpuente hasta la aldea, romería oficial con credencial incluida. Un concierto de acordeón, la cena popular y la discomóvil cerraron los actos de la jornada del sábado.
El domingo, con los trajes galanes bien dispuestos, la Virgen de la Consolación recibió su homenaje litúrgico. Misa matinal y procesión vespertina junto a San Bernabé tras la que tuvo lugar la ofrenda floral, momento de gran emoción para los devotos del municipio, que quisieron recordar, con este sencillo gesto, un momento importante para la localidad, más allá de una creencia que, en estos casos, tiene igual de importante como poso etnológico que como creencia y fervor religioso. 




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