lunes, 14 de noviembre de 2016

Un día para abrir el calendario en Tuéjar

+ TURIA | La localidad rinde honores a San Diego de Alcalá en una jornada de fiesta y devoción que supone en el inicio del nuevo ciclo festivo en el municipio
Tuéjar rindió honores este domingo a su patrón, San Diego de Alcalá, advocación de escasa implantación en tierras valencianas pero que tiene en la localidad serrana su reducto de fieles y motivo de fiesta y convite para bocas propias y ajenas.

Una jornada que este año coincidía en domingo, algo que no sucedía desde el año 2011, y que, aunque solo sea por multitud dominical, ha supuesto una fiesta doble. A las 12 de la mañana, y tras repique de campanas, se daba inicio a la solemne misa en honor al santo sevillano, cantada por el Coro Arciprestal, que pone voz a momentos únicos como éste. Tras la Eucaristía la fiesta, ya puesta en mesa profana, se trasladó a la Plaza de la Iglesia donde los presentes pudieron disfrutar del tradicional convite a base de limoná, cacao y tramusos, que es menú habitual de este día.
Los actos continuaron a las 18:00 h. con la procesión de la imagen del Patrón por las calles del casco urbano de Tuéjar, acompañado por la Banda de Música local. Al regreso, y como inicio del ciclo festivo de la localidad serrana, se procedió al nombramiento de los nuevos Clavarios de la Purísima, de San Antón y de San Diego, los tres amparos divinos a los que se encomiendan los tuejanos "así en la tierra como en el cielo".
El aperitivo popular con los mismos ingredientes en el menú cerró esta fiesta de un día pero que marca el calendario de la localidad de la Serranía.
Un Santo viajero
Nació a finales del siglo XIV en el seno de una familia modesta, en el pequeño pueblo de San Nicolás del Puerto, al norte de la provincia de Sevilla y en plena Sierra Morena.
Desde su más temprana juventud se consagró al Señor como ermitaño en la capilla de san Nicolás de Bari, en su localidad natal, y después en el eremitorio de Albaida bajo la dirección espiritual de un sacerdote ermitaño.
Fue un hombre bastante viajero para su tiempo; vivió en Canarias, Roma, Castilla y Andalucía y recorrió numerosos lugares de Córdoba, Sevilla y Cádiz. Durante su peregrinación a Roma pasó por numerosos lugares de España, Francia e Italia. Residió en los conventos de La Arruzafa (Córdoba), Lanzarote, Fuerteventura, Sanlúcar de Barrameda, Santa María de Araceli (Roma) y Santa María de Jesús (Alcalá de Henares), donde falleció en 1463.

Fue el único santo canonizado a lo largo de todo el siglo XVI, por el papa Sixto V, el 10 de julio de 1588, culminando el proceso introducido por Pío IV a instancias del rey Felipe II de España, convirtiéndose en el primer santo español de la Edad Moderna. Entre los seis milagros aprobados por la Sagrada Congregación de Ritos para su canonización, el más famoso es, precisamente, la curación del príncipe Carlos.
Otro milagro que se le atribuye es el de haber salvado, en un viaje que hizo a Sevilla durante su estancia en la Arruzafa, a un niño que imprudentemente se había metido y dormido en un horno, el cual fue encendido mientras tanto. Tras la mediación de Diego el pequeño apareció fuera del horno sin la menor quemadura. Éste y otros milagros los solía atribuir el humilde fraile a la intervención de la Virgen María.
Sus restos se encuentran desde entonces en la Catedral de Alcalá de Henares. Actualmente se conservan en una urna de plata del siglo XVII, y su cuerpo incorrupto se expone todos los años el 13 de noviembre.

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