miércoles, 11 de mayo de 2016

Una Virgen sin fronteras

+ TURIA | Este sábado el municipio conquense de Algarra y su Virgen de Santerón recibirán a los peregrinos del Rincón de Ademuz y la Serranía Baja en una de las devociones más arraigadas de la región
El pequeño municipio de Algarra, en la Serranía Baja de Cuenca, es uno de esos municipios aferrados a una Virgen como pilar sobre el que sostener el futuro. La Virgen de Santerón es una de esas advocaciones que, de manera radial, lleva la devoción a los pueblos que la circundan, más allá de fronteras provinciales, pues su devoción está  fuertemente arraigada en los pueblos valencianos del Rincón de Ademuz, como Vallanca, "donde consideran de siempre a esta Virgen conquense como su patrona".

Más allá del septenario festivo, fiesta 'gorda', que pone el lugar en peana de grandes festejos, cada año, a mediados de mayo, la Virgen de Santerón recibe a los peregrinos comarcales en una jornada de hermandad y convivencia.
Traemos, en homenaje a estos pequeños lugares mágicos que, a pesar del olvido y casi el abandono, continúan atrayendo como una marea viva a cientos de creyentes, traemos, insistimos, las palabras de Alfredo Sánchez Garzón, Cronista del Rincón de Ademuz, que desde su blog DESDE EL RINCÓN DE ADEMUZ pone una mirada especial al Santuario de Algarra.

"La federación celtibérica de Santerón" (Zaragoza, 1997), Francisco Javier Fernández Nieto. Extracto de
Alfredo Sánchez Garzón, Crónista del Rincón de Ademuz
Respecto al tiempo de la solemnidad, el ponente explica que de forma tradicional se venía celebrando “el lunes llamado de Pentecostés”, pero en la actualidad se ha adelantado al sábado, por la simple cuestión práctica del despoblamiento de estos términos a causa de la emigración sufrida a partir de mediados del siglo pasado; ello suponía que el día de la fiesta no había gente que pudiera participar... De esta forma, “para favorecer la presencia de visitantes” y por acuerdo municipal de Algarra con los pueblos circunvecinos participantes, la fiesta se adelantó al fin de semana.
Respecto a la ubicación geográfica, dice:
"El lugar conocido como Santerón pertenece al municipio de Algarra (Cuenca); forma un alto y amplio valle, en forma de circo, que se extiende longitudinalmente de norte a sur, cercado por dos estribaciones montañosas, la sierra de Santerón y la llamada Atalaya –el lomo de la sierra de Santerón sirve como demarcación entre la provincia de Cuenca y el Rincón de Ademuz (Valencia)->.
El santuario -donde tiene lugar la fiesta y ritos que se pretenden describir- lo ubica en el centro del mencionado valle. Anota que en la celebración participan siete poblaciones –Algarra, Vallanca, Savacañete, El Cubillo, Casas de Garcimolina, Arroyo Cerezo y Casas Nuevas-: “todas las cuales se encuentran situadas formando perímetro alrededor del valle, de modo que Santerón constituye una especie de centro geométrico respecto a la ubicación física de estas poblaciones”. De las localidades mencionadas, Vallanca y Arroyo Cerezo (Castielfabib), pertenecen a Rincón de Ademuz (Valencia), mientras que el resto son de Cuenca. Cabe decir, sin embargo, que Arroyo Cerezo nunca ha participado de la fiesta, mientras Casas Nuevas lo hace como aldea de Salvacañete. Olvida mencionar a Negrón, aldea de Vallanca, cuya vecindad también participa o ha participado siempre en los festejos. Obviamente, como bien dice el ponente, todos estos términos de Cuenca, Teruel y el Rincón de Ademuz por Valencia, formaban parte de la celtiberia...
En nota al pie, se cifra la existencia de un poblado prerromano en la cima del cerro de Algarra –arabización de la raíz romana kar-, karr-, karra (roca)-, “a juzgar por algunos hallazgos fortuitos de cerámica de la época del hierro e ibérica”. Asimismo en las proximidades de Salvacañete, “a la que debió pertenecer el tesoro allí localizado”; y en Arroyo Cerezo (Castielfabib), donde existió un oppidum (poblado) del que da cuenta el profesor Martín Almagro Gorbea, y otro poblado ibérico en el cerro de La Morrita (1.314 m) en la partida de La Nava de Castielfabib -me refiero a la necrópolis denominada "Morrita de la Nava"-, estudiado por José Aparicio Pérez (1985), arqueólogo de la Diputación Provincial de Valencia.
El Ayuntamiento de Algarra (Cuenca) tiene una participación esencial en los festejos, cuyo ascendiente se extiende sobre la ermita y el lugar, y esto ya mucho antes de que la zona se incluyera en su término municipal:
"El día de la festividad, el pueblo de Algarra (autoridades y vecinos), que se situaba previamente en la ermita de la Virgen, salía al encuentro de cada una de las comunidades participantes a medida que aquéllas iban acercándose en comitiva al lugar santo. En la actualidad el rito de la recepción tan sólo se tributa a los habitantes de Vallanca -la comunidad más numerosa-, [...]: toda la comunidad de Vallanca, que antiguamente se desplazaba andando y en caballerías hasta el valle, se reúne (al arribar a la ermita) junto a un gran bloque (la mesa de la Virgen) y esperan la llegada de la gente de Algarra, que marcha presidida por las autoridades civiles, aunque les precede una persona que lleva cruz y estandarte. Cuando han llegado ante el grupo foráneo que aguarda en la mesa, el portaestandarte baja ligeramente la cruz y el pendón y las autoridades de Vallanca efectúan como una señal de acatamiento; acto seguido, ambas comunidades se funden y emprenden juntas el camino hacia la ermita".
Reunida la vecindad de los distintos pueblos asistentes a Santerón, tiene lugar la celebración de una Santa Misa, lo que constituye “la parte religiosa de la festividad”, junto con la peculiar procesión que se realiza después, desde la ermita hasta la “Mesa de la Virgen”, un gran bloque labrado en roca caliza y de una sola pieza –que se halla a un tiro de piedra del ermitorio, en dirección al centro del valle-, el cual fue laborado a principios del pasado siglo XX. La piedra tiene grabada una inscripción que dice: Año 1916// Por don/ Antonio José Dolz/ cura párroco// por Julián López/ Martínez// Viva la Virgen de Santerón. Don Antonio José Dolz fue párroco de Algarra, natural de Santo Domingo de Moya, y Julián López Martínez, alcalde. Al decir del ponente, sin embargo:
" [...], la misa constituye sólo el preámbulo ineludible de aquella ceremonia que los asistentes perciben como el núcleo ritual, a saber, la procesión de la Virgen, cuyo desarrollo es muy simple, puesto que se procede a transportar las andas hasta el gran bloque cuadrangular de piedra tallada, distante unos doscientos metros de la ermita y que ocupa asimismo una posición central respecto del valle. En la superficie de la piedra se deposita la peana, de ahí el nombre que recibe de mesa de la Virgen; luego se reza una salve. El actual bloque de piedra fue construido a comienzos de este siglo a expensas de un antiguo párroco y reemplaza a una vieja roca, desbastada por arriba, que cumplía la misma función. Lapompé regresa desde la mesa a la ermita, da tres vueltas con la imagen alrededor del edificio, siguiendo el sentido de la izquierda, y entra por último en el recinto sagrado para devolver la imagen al altar".

La celebración religiosa concluye propiamente con el retorno de la imagen a la ermita y su colocación junto al altar del presbiterio, lado del evangelio. Pero el ponente aún recoge otras manifestaciones o “aspectos sacrales” de gran importancia etnológica, como “la comida o banquete ritual” y los “episodios agonísticos”, esto es, gimnásticos o de competición:
En efecto, formando parte de la propia fábrica de la ermita, en prolongación del coro, existe una fría y oscura habitación rectangular de planta baja utilizada por el ayuntamiento de Algarra para realizar una comida el día del Santerón; la estancia cuenta con una gran mesa y varias bancas de madera. Los platos a consumir corren a cargo de la propia corporación municipal, pero la participación se halla rigurosamente limitada, puesto que los vecinos se hallan excluidos y sólo banquetean, a puerta cerrada, las autoridades -en la actualidad, en el banquete participan el alcalde y los concejales de Algarra, párroco de Salvacañete y dos representantes del Instituto de la Guardia Civil destacados desde el puesto de Landete-. La habitación destinada a esta comida es bastante reciente, pues data de una reforma llevada a cabo hacia el año 1965. Entonces se arrasó el edificio anejo a la iglesia (la casa del santero), que poseía una superficie mucho mayor que la actual estancia, en cuyo piso superior existía una gran sala exenta, toda de madera -incluyendo las tablas de división de los pisos-; y allí se realizaba, en absoluto silencio y aislamiento, la colación reservada al grupo de personas que ejercían la jefatura civil/religiosa de la comunidad.

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