lunes, 30 de mayo de 2016

…junto al Tyrius vivían los beribraces, gente agreste y feroz…

+ TURIA | Titaguas celebra su primera Jornada Íbera para acercarse a la historia milenaria de la Serranía valenciana
"Allí los beribraces, gente agreste y feroz, apacentaban numerosos rebaños, alimentándose de leche y queso espeso…"
Esta es la primera referencia, tardía eso sí, de la que se tiene constancia acerca de los pobladores íberos de lo que hoy es la Serranía valenciana y Alto Turia. Así describe a estos pobladores indígenas que viven junto al Tyrius (el Turia actual) Rufo Festo Avieno, en su obra 'Ora Marítima', escrita en el siglo IV d.C. (cinco siglos después de su desaparición).
Una única referencia en las fuentes clásicas (escritos generalmente viciados) para un amplio territorio íbero que, hasta hace pocos años, era un 'vergel' arqueológico, supeditado en ocasiones a extrapolaciones de la bien estudiada ciudad de Edeta (Llíria) cuya influencia ha sido notoria no solo en los pueblos de alrededor sino en los recursos institucionales puestos a disposición de su estudio.
Así lo explicaron con profusión este sábado durante la Jornada Íbera celebrada en Titaguas, Josep María Burriel, arqueólogo municipal de Moncada, y Juan José Ruiz, director del Museo Arqueológico de Chelva, que desde hace unos años han invertido tiempo y recursos de manera altruista por consolidar un mapa íbero de la Serranía. Un territorio amplio y virgen que ha mostrado, a pesar de que queda mucho trabajo por hacer, un enorme potencial arqueológico mostrando singularidades propias de una civilización de la que culturalmente poco o nada ha llegado hasta nosotros no así a nivel arqueológico.
Durante una ponencia de hora y media, y acompañados por Carles Ferrer, conservador del Museo de Prehistoria de Valencia, Burriel y Ruiz desgranaron poco a poco en la Sala de la Cultura de Titaguas una época que, más allá de la leyenda, "es y debe ser un valor añadido a la comarca".
Una charla desde "lo general a lo particular", es decir, desde la explicación de esa 'civilización' ibérica que se extendió desde Andalucía al sur de Francia durante medio milenio, desde el siglo VI al I a.C. en tres fases de desarrollo (Antiguo, Pleno y Final) y que tuvo en la expansión de Roma su muerte y absorción. Una civilización sin unidad política pero tuvo unas constantes bien visibles, un pueblo guerrero, regido por la aristocracia (a veces con monarquía vigente, como en Edeta, o a través de un senado, como en Arse-Sagunto), que ofrecía cultos a la Naturaleza y a una Diosa Madre con santuarios al aire libre y en cuevas, que practicaban la cremación y cuya arquitectura es bien reconocible, tanto en sobrias fortalezas como en pequeñas aldeas. Y una civilización que tiene un nexo común, imprescindible para los arqueólogos actuales como sistema de datación, como fue su cerámica e incluso su escritura, con un alfabeto silábico que aún está por descifrar.
120 yacimientos íberos en la Serranía
Descendiendo de lo general a lo comarcal, ambos arqueólogos se centraron también en los estudios realizados en la Serranía valenciana, cuyos pobladores íberos vivían de la ganadería de ovicaprinos vertebrando el territorio a través de caminos que seguramente hunden sus raíces históricas miles de años atrás. En total son más de 120 yacimientos de época ibérica 'plena' (del siglo IV al III a.C.) los que han podido estudiarse, con mayor o menor profundidad en la comarca, desde la necrópolis del Carnoso en Andilla (descubierta tras el incendio de 2012) hasta el espectacular Castillo de la Cabrera en Titaguas, pasando por la cueva santuario de Domeño o el impresionante Castellar de La Yesa, salvando las distancias, una especie de "capital" íbera para el territorio serrano.
Yacimientos todos ellos en fase de estudio, que muestran una actividad consolidada en el tiempo, superponiendo distintas fases de poblamiento y que ponen de manifiesto la importancia de esta Serranía Íbera que, como decimos, sale ahora a la luz intentando tomar consistencias más allá de su adscripción (polémica) al reino edetano de Llíria.
Hasta nueve yacimientos en Titaguas
En lo que a Titaguas se refiere Burriel y Ruiz hicieron un pequeño repaso de los hallazgos producidos en los últimos años, mostrando un mapa de ocupación muy extenso y demostrando la importancia del término municipal a nivel arqueológico. Así se realizó un acercamiento teórico al Castillo de la Cabrera (que fue visitado en la actividad vespertina), el Corral de Torres, la Loma de la Tejería, el Pico de la Lámpara, La Hocecilla, El Castellar, El Hondón, La Masada y la Mailesa; nueva yacimientos de diferentes magnitudes e importancia arqueológica, entre los que, a nivel local, destaca el primero de ellos, la fortaleza de la Cabrera, construcción ciclópea y defensiva que aún guarda muchos secretos por desvelar, ya que las prospecciones realizadas hasta la fecha no han conseguido datarlo con exactitud debido a la ausencia total de material cerámica (algo único y 'sorprendente' en un yacimiento de este tipo).
La charla matinal finalizó con las preguntas y aportaciones, algunas de ellas muy interesantes, del público presente en el centro cultural de Titaguas.
La primera parte de esta Jornada Íbera finalizó en la Sala de Exposiciones Simón de Rojas donde Carles Ferrer detalló a los presentes la muestra de Fotoibers, motivo y clausura de estas jornadas históricas que cerraba sus puertas este sábado y que acerca al gran público (la siguiente cita con la muestra fotográfica será durante el mes de junio en Ademuz) los yacimientos íberos más importantes de la Comunitat Valenciana.
Excursión a la fortaleza íbera
Formando parte del cordón 'defensivo' que al parecer tuvo en el río Arcos su frontera comarcal en época íbera, la programación continuó ya por la tarde con la visita guiada al Castillo de la Cabrera, fortaleza que debió ser una de las más importantes de la zona en época íbera aunque, como decíamos, su datación aún es un misterio por resolver.
Los participantes, guiados por los expertos arqueólogos, pudieron conocer de primera mano, y con las nociones previas de la mañana, un yacimiento que presenta unas características peculiares, como son sus inmensas defensas, con doble foso incluido y una visión panorámica de las tierras que la circundan.
En definitiva una jornada para conocer de primera mano la historia milenaria de la Serranía valenciana y también saborearla, gracias al menú íbero preparado por un restaurante de Titaguas del que pudieron disfrutar los asistentes al evento.




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