Incendios de sexta generación: el fuego que desafía la extinción hasta ahora conocida

Los grandes incendios que está sufriendo España este verano han vuelto a poner sobre la mesa un término que hasta hace pocos años apenas utilizaban los especialistas: los incendios de sexta generación. Se trata de fuegos de comportamiento extremo que son capaces de modificar las condiciones atmosféricas que los rodean, generar fenómenos meteorológicos propios y superar, en muchos casos, la capacidad de respuesta de los dispositivos de extinción.

En los últimos días, los incendios registrados en distintos puntos de España, como los de Castellón, Cataluña, Madrid o Ávila, han vuelto a evidenciar cómo el comportamiento del fuego está cambiando. Aunque no todos los grandes incendios alcanzan la categoría de sexta generación, varios de los episodios registrados este verano han mostrado características propias de este tipo de fenómenos extremos.

Un fuego que crea su propia meteorología

Lo que diferencia a un incendio de sexta generación de un gran incendio convencional no es únicamente la superficie que quema, sino la enorme energía que libera.

Cuando esa energía alcanza niveles muy elevados, el aire caliente asciende a gran velocidad formando gigantescas columnas de humo y gases. En determinadas condiciones pueden aparecer pirocúmulos —nubes generadas por el propio incendio— e incluso tormentas de fuego, capaces de modificar los vientos, provocar fuertes corrientes descendentes y cambiar de forma repentina la dirección de las llamas.

Esto convierte al incendio en un fenómeno mucho más impredecible y peligroso tanto para la población como para los equipos de emergencia.

Son capaces de generar nuevos focos a kilómetros de distancia

Otra de las características más preocupantes es la capacidad de lanzar pavesas —fragmentos de vegetación ardiendo— que pueden ser transportadas por el viento a grandes distancias.

Estas partículas pueden originar nuevos incendios secundarios varios kilómetros por delante del frente principal, dificultando enormemente las labores de extinción y obligando a reorganizar continuamente los dispositivos de emergencia.

Un incendio que supera la capacidad humana

Los especialistas explican que estos incendios pueden llegar a ser prácticamente inextinguibles mientras mantienen ese comportamiento extremo. En esos momentos, el objetivo de los bomberos deja de ser apagar directamente el fuego para centrarse en proteger a la población, salvar viviendas e infraestructuras y esperar a que cambien las condiciones meteorológicas para poder actuar con mayor eficacia.

Por ello, en muchos casos la lluvia, un aumento de la humedad o un descenso significativo de la temperatura resultan determinantes para conseguir estabilizar el incendio.

¿Por qué aparecen cada vez con más frecuencia?

Los expertos coinciden en que la aparición de estos grandes incendios responde a la combinación de varios factores.

El cambio climático está provocando olas de calor más intensas y prolongadas, sequías recurrentes y una vegetación cada vez más seca. A ello se suma el abandono del medio rural, que ha favorecido la acumulación de grandes cantidades de combustible vegetal en los montes, además del aumento de viviendas e infraestructuras situadas en zonas forestales. Todo ello crea el escenario perfecto para que un incendio pueda crecer rápidamente y alcanzar un comportamiento extremo.

España afronta un verano especialmente complicado

La situación de este verano refleja esa nueva realidad. Hasta finales de julio, España acumulaba más de 173.000 hectáreas quemadas, seis veces más que en el mismo periodo del año anterior, y el número de grandes incendios forestales había aumentado de forma significativa. Los especialistas alertan de que la probabilidad de que un fuego evolucione hacia un gran incendio extremo ha crecido notablemente en los últimos años.

La prevención, la gran asignatura pendiente

Frente a estos incendios, los expertos insisten en que la mejor herramienta sigue siendo la prevención. Reclaman una gestión activa del territorio mediante el mantenimiento de los montes, la recuperación de actividades agrícolas y ganaderas, la creación de paisajes en mosaico, la reducción de la vegetación acumulada y una mayor inversión en prevención, ya que actualmente la mayor parte del presupuesto destinado a incendios en España continúa orientándose a la extinción.

El avance de los incendios de sexta generación supone uno de los mayores desafíos para la gestión forestal y la protección civil en España. Su comportamiento impredecible obliga a replantear las estrategias tradicionales de lucha contra el fuego y sitúa la prevención y la adaptación al cambio climático como elementos esenciales para reducir el impacto de estos fenómenos cada vez más frecuentes.

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