El dulce olor a espliego de Titaguas
+ TURIA | Vecinos y visitantes
disfrutaron de la tradición de las Hachas con diferentes actividades en las que
los más pequeños fueron los principales protagonistas
El pasado 7 de Diciembre, los Clavarios y
Clavarias de las Fiestas Gordas de Titaguas 2016 organizaron la Fiesta de las
Hachas, una fiesta tradicional recuperada en su momento, hace más de 10 años,
por otra comisión clavaria de este pueblo del Alto Turia. (FOTOGRAFÍAS : MARTÍN NAVARRO)
Una jornada que arrancó a media mañana con un
taller de “Hachas” para que los más pequeños puedan aprender un arte que ha
pasado de abuelos a padres y de estos a sus hijos desde hace generaciones. El
taller contó con una amplia participación de los vecinos que en más de un
centenar de personas acudieron hasta la Plaza y disfrutaron de la propuesta.
Allí se encontraron con un buen acopio de
espliego y cuerdas, indispensables para ejecutar las hachas y que se vio
reforzado por el que muchos padres y madres trajeron de casa para contribuir a
la actividad. "También hubo quien acarreó paja de centeno", comenta
Martín Navarro, de los Clavarios de Titaguas, "recordando así que también
se hacían con este material". Eso sí centeno reservado a quien en su
momento podía permitirse cultivar este grano (asequible para los que disponían
de más recursos, "los ricos del pueblo"). Mientras tanto otro grupo
de festeros fue apilando la leña para la hoguera nocturna, siguiendo la
tradición de esta víspera de Santa Bárbara.
Ya por la noche la comisión de fiestas,
desafiando al frío de finales de noviembre en la Serranía, organizó una cena de
sobaquillo en la plaza para animar la velada a la espera de prender fuego a la
hoguera. "De nuevo la asistencia fue espectacular, más de 200 personas
poblaban la plaza y ocupaban su espacio alrededor de la hoguera", explica
el clavario.
El viento respetó en todo momento los actos lo
que permitió que se pudiese disfrutar de esta tradición de las Hachas y las
niñas y niños que en su mayoría eran los portadores de las mismas se
divirtiesen de lo lindo correteando por la plaza y calles del pueblo, llenando
de un dulce olor a espliego quemado que perfumaba toda la plaza y le daba un
ambiente cálido. Y mágico, sin duda.
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