domingo, 23 de diciembre de 2018

Tiempo de leñadores en Vilamarxant


+ TURIA | La localidad del Camp de Túria vuelve a rescatar su tradición folklórica del Día de Navidad
Como cada Día de Navidad, Vilamarxant acoge el Ball dels Llenyaters. Como marca esta tradición ancestral, recuperada en los años 70, los pastorcillos y pastorcillas recorren las calles del pueblo hasta la iglesia, donde cantan y bailan al 'Jesuset' al acabar la misa.

Pastorcillos y pastorcillas de todas las edades, músicos, músicas y cantantes, recorrieron diferentes rincones de Vilamarxant interpretando, en muchos de ellos, estas dos danzas, el Villancico de Chetes y el Ball del Llenyaters, con paradas en los puntos indicados por la tradición, desde la casa del alcalde hasta la iglesia parroquial.
Con esta celebración, Vilamarxant reafirma, año tras año, su personalidad y cultura como un pueblo con tradiciones de marcada identidad local.
La recuperación de la fiesta
En 1979, un grupo de amigos, ya mayores, que habían conocido en su juventud la fiesta, decidieron impulsar su recuperación. Esta se ha conseguido, pero la motivación de la misma ha cambiado radicalmente. Ya no se trata de superar problemas sociales: ahora es una fiesta de identidad local, con la cual los naturales de Vilamarxant desean reafirmar su personalidad y su cultura.
Como ya es sabido, a finales de los setenta en toda España se vive un interés hacia la recuperación del pasado etnográfico, paralelo a la recuperación de la idea autonomista. Es un movimiento crítico hacia el progreso de los sesenta que ha desembocado de manera brusca en una dura crisis económica y social. La recuperación de formas y fiestas es paralela a una búsqueda de identidad nacional tras la dictadura del General Franco, que se da también a nivel político y religioso.
Volvamos a Vilamarxant. Este grupo de amigos: el Sr. "Valero", el Tío "Ceba", etc. se dirigieron al último bailador que recordaba algo de la Danza, el Tío Ramón. Aquí tenemos una lección para algunos investigadores del folklore que quieren arrogarse unas exclusividades sobre la recuperación de piezas, y que afirman que sin unos estudios, una preparación, una "cultura"...no se puede hacer nada serio: la voluntad, las ganas y el interés son más importantes que toda la vana palabrería que muestran algunos folkloristas.
El Tío Ramón era muy mayor, y la memoria le fallaba. Costó casi seis meses reconstruir danza, texto y música. Por fin, esas navidades ya salieron a bailar, reproduciendo el ritual de almorzar en el Musical, bailar a la puerta y pedir el permiso al Alcalde.
El fenómeno conmocionó a la localidad. El Sr. Valero contaba cómo "salían las personas mayores a vernos, con una emoción... mira, lloraban y todo; las abueletas, tenían un sentimiento al vernos...".
Aquello ya supuso la recuperación del baile, pero no de forma continuada. Pese a la buena voluntad, habían causas mayores, y a veces por problemas de salud, alguno de los cuatro bailadores no podía salir. Finalmente, el Grup de Danses de Vilamarxant se hizo cargo de la representación.
De esta forma se ha recuperado la tradición, aunque algo alterado el ritual inicial.


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