viernes, 29 de junio de 2018

“¡Amémonos como queramos!”


+ TURIA | Este jueves la Plaza del Ayuntamiento de Vilamarxant ha acogido la concentración mensual contra la violencia machista que, este mes, también ha servido para pedir respeto para el colectivo LGTBIQ+
Con el grito “¡Amémonos como queramos!” finalizaba este jueves la concentración mensual de condena de la violencia de género que, este mes, acogía también palabras de repulsa contra todas aquellas personas que no respetan el derecho de amar en libertad.

Y es que hoy es el día del orgullo LGTBI; por eso, el Ayuntamiento de Vilamarxant ha querido aunar estas dos reivindicaciones para condenar cualquier tipo de violencia o discriminación por el simple hecho de querer.
En el balcón del consistorio, junto al cartel de condena de la violencia machista, colgaba una bandera con los colores arco iris, símbolo del colectivo LGTBIQ+. Bajo, decenas de vecinos y vecinas se han sumado a este acto. La actividad ha estado coordinada por Maria Estupiña y Alba Olmeda, del Departamento de Gestión Cultural, junto al Departamento de Bienestar Social y Políticas de Igualdad del consistorio.
El manifiesto ha sido leído por dos jóvenes representantes de la Casa de Joventut de Vilamarxant, Adrián Quiles y Paula Correia. Los dos han hecho un llamamiento “para que la gente muestre su sensibilidad y empatía para erradicar cualquier situación de violencia o rechazo causada por motivos de género y de orientación sexual”. “Hoy hablamos en nombre de mucha gente. Nosotros, como jóvenes, damos la voz a aquellas personas que no han sido escuchadas y alertamos que la mayor parte de los acosos que se producen contra el colectivo LGTBIQ+ los sufren jóvenes de entre 12 y 16 años”, continuaban.
 También han recordado y rechazado que “todavía haya 72 países que consideran la homosexualidad como un delito, de los cuales 8 la penalizan con la muerte. También condenamos que en la Constitución Española todavía no se contemple la no discriminación a los LGTBIQ+”. A pesar de que añadían que “nuestra comunidad es la única del Estado que ha aprobado un proyecto de ley que prohíbe las terapias de conversión para las personas no binarias”.
Por último, han pedido una tarea concienciadora a favor de la igualdad y del respeto no tan sólo hoy, sino día a día para crear conciencia en nuestro entorno.
La actividad ha finalizado con los vecinos y vecinas de Vilamarxant escribiendo mensajes que, desde hace décadas, forman parte del imaginario colectivo y que son claras expresiones de LGTBIfòbia. Han dejado dichos como por ejemplo “maricón el que no bote”, “mariconadas las justas”, “está hecha un marimacho” o “un niño tiene que tener padre y madre”. Frases que todas y todos hemos escuchado a pesar de que, poco a poco, van rechazándose para otorgar el respeto que merece un colectivo que ha sufrido y sufre discriminaciones en muchos ámbitos y etapas de la vida personal, familiar y social.


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